Minas Gerais es un santuario ecológico privilegiado por la biodiversidad de la Selva Atlántica. El este del estado está cubierto por la vegetación del Cerrado —en la parte oeste— y por la Caatinga al norte. Sierras y grutas también componen el ecosistema mineiro, una de las principales áreas de protección de especies animales en extinción en Brasil, como el lobo-guará, el tamanduá-bandeira, la onça-parda, la jaguatirica, el venado-campeiro y el pato-mergulhão.
Los parques mineiros son perfectos para la observación de su flora —constituida por orquídeas, bromelias, candeias, líquenes, samambaias y campos rupestres— y atraen desde practicantes de paseos fotográficos hasta turistas en busca del bienestar físico y espiritual. El estado alberga la naciente de importantes ríos brasileños, como el río São Francisco, el principal río de Minas, y uno de los más importantes de Brasil. Selva nativa y muchas cascadas seducen a turistas en busca de contacto con la naturaleza.
Minas Gerais tiene también uno de los subsuelos más ricos del País, un lugar perfecto para amantes de la espeleología y para viajeros en busca de novedades. Dos mil grutas ya fueron catalogadas entre las tres mil existentes en Brasil, y esconden ríos, cascadas, formaciones de estalactitas y estalagmitas, esqueletos humanos y de grandes animales extintos, materiales líticos trabajados con artes ancestrales, rarezas de formaciones calcáreas e inscripciones rupestres.
Los itinerarios turísticos contemplan toda esa riqueza del ecosistema mineiro, respetando la fragilidad de los biomas frente a la actividad turística, al mismo tiempo en que favorecen la visita por medio del turismo sustentable.