La ciudad es muy animada, pero el período más animado es durante el carnaval.
El Carnaval de Olinda es especial porque es una fiesta en la calle que conserva las más puras tradiciones de Pernambuco y la juerga nororiental. Reúne clubes de frevo, turbas, cuadras, maracatus, caboclinhos, afoxés, cuyas manifestaciones exponen y confirman la mezcla de la cultura y tradiciones de europeos blancos, africanos negros e indígenas nativos, base de la formación del pueblo brasileño.
Uno de los mayores atractivos de la fiesta olindense son los muñecos gigantes, presencia confirmada año tras año, pero siempre con novedades porque sus creadores siempre están inventando nuevos personajes, y actualmente reúnen a más de un centenar de ellos, desfilando por las calles de la ciudad. En el martes gordo se reúnen entre las plazas Guadalupe y Varadouro en un encuentro que se ha convertido en una tradición en el carnaval de Olinda.
Estos muñecos son una herencia europea y se originan en las procesiones del siglo XV. Allí ellos acompañaban a las procesiones religiosas. Aquí decoran la fiesta pagana. El primer muñeco que salió a las calles de Olinda, en 1932, fue el Hombre de Medianoche, que aún anima la fiesta.
Cocina típica
La ciudad es un centro gastronómico donde conviven sofisticados restaurantes de nivel internacional con bares informales que atraen a la juventud. La gastronomía de Olinda también es patrimonio de la ciudad. Con influencias de las culturas africana, indígena y europea, es diversa y exótica, basada en productos naturales de la región: raíces, pescado, mariscos y frutas tropicales.
Uno de los platos más tradicionales es el «Camarão na Moranga» (camarones servidos en una especie de calabaza). Otros sabores característicos de la ciudad incluyen la tapioca tradicional, procedente del Alto da Sé, así como el queso coalho, las galletas artesanales y los licores elaborados en conventos y monasterios centenarios.